Volviendo al tema de Antonio Cisneros, es realmente curioso descubrir el porqué de su fama y sobre todo, el "pegue" con los lectores. Se debe a que Cisneros en su poesía habla de cosas cotidianas, sencillas, con humor e ironía (sin llegar normalmente al sarcasmo), todo enmarcado en un magnífico trabajo poético. Pero también es que Cisneros nos permite contemplar pasajes de su vida, momentos íntimos y bajo el mismo modo que decía antes. Habla de su hijo, del nacimiento de su hija, y dato curioso, de su reconversión, su vuelta a mirar a Dios, esta "reconversión" como él la llama, esta plasmada en un poema muy rico y expresivo llamado: "DOMINGO EN SANTA CRISTINA DE BUDAPEST Y
FRUTERIA AL LADO" hasta el nombre rezuma cierto toque irónico. Es uno de los poemas que Cisneros no trabajó, es un poema virgen, que tal como surgió quedó, de ahi la riqueza y singularidad del poema que a la vez tiene una fuerte carga religiosa.
Decía Sandman en un diálogo de la premiada "Sueño de una noche de verano": "Es privilegio del bufón decir verdades que todos callan" y pienso que también es privilegio de poetas encarar a Dios con la fuerza de la palabra, sin por eso caer en anatemas, esta vez el poeta canta a Dios con alegría y alegría de reencuentro:
DOMINGO EN SANTA CRISTINA DE BUDAPEST Y
FRUTERIA AL LADO
Llueve entre los duraznos y las peras,
las cáscaras brillantes bajo el río
como cascos romanos en sus jabas.
Llueve entre el ronquido de todas las resacas
y las grúas de hierro. El sacerdote
lleva el verde de Adviento y un micrófono.
Ignoro su lenguaje como ignoro
el siglo en que fundaron este templo.
Pero sé que el Señor está en su boca:
para mí las vihuelas, el más gordo becerro,
la túnica más rica, las sandalias,
porque estuve perdido
más que un grano de arena en Punta Negra,
más que el agua de lluvia entre las aguas
del Danubio revuelto.
Porque fui muerto y soy resucitado.
Llueve entre los duraznos y las peras,
frutas de estación cuyos nombres ignoro, pero sé
de su gusto y su aroma, su color
que cambia con los tiempos.
Ignoro las costumbres y el rostro del frutero
-su nombre es un cartel-
pero sé que estas fiestas y la cebada res
lo esperan al final del laberinto
como a todas las aves
cansadas de remar contra los vientos.
Porque fui muerto y soy resucitado,
Loado sea el nombre del Señor,
Sea el nombre que sea bajo esta lluvia buena.